¿Son los bosques sostenibles?

En el sur de Europa, y en España en particular, la extensión del bosque y la vegetación forestal aumenta año tras año y nunca antes se ha prestado tanta atención a la biodiversidad y la conservación, algo que está muy bien y refuerza la pata ecológica que sustenta el desarrollo sostenible. Tal vez desde este punto de vista los montes sí son sostenibles pero…  tres_dimensiones
Si miramos las patas social y económica la cosa cambia. Desde un punto de vista social va de mal en peor: desde hace unas décadas la población de los pueblos de las zonas rurales y forestales disminuye y envejece drásticamente, no se renueva, y cada vez es más difícil mantener en zonas rurales las escuelas, los centros de salud y otros servicios básicos para una sociedad avanzada. No hay trabajo, no hay generación de riqueza, no hay dinamismo. El territorio deja de ser atractivo para vivir. La pata económica y la pata social suelen ir de la mano. Sin trabajo no hay gente, sin gente no hay masa crítica para mantener y ofrecer servicios…malas noticias para los pocos que vayan quedando en las zonas forestales.
Los bosques pueden ser generadores de riqueza y empleo, pero no tanto en el sentido más evidente de emplear mano de obra para labores de limpieza, plantación, mejora, protección …si no ofreciendo mejores oportunidades de desarrollo y conexión con los sectores industrial y los servicios.
La gestión tradicional de montes no tiene el foco estas cuestiones. Los aspectos económicos de esta gestión se confina por lo general a la “escala de monte”, extremadamente pequeña y limitada para integrar los aspectos sociales y económicos de los pueblos con una perspectiva más amplia. Rara vez se conecta y concierta con las posibles sinergias (locales o no) con el sector industrial y el sector servicios, ni si quiera en los casos en los que la propiedad del monte es municipal. Las actuaciones quedan muy enclavadas en el sector primario y en lo estrictamente forestal, algo que tiene cierta lógica mirando únicamente a esta escala, que es la que tienen encomendada los técnicos forestales. 
Para crear sinergias positivas entre el bosque y el territorio, entre el bosque y sus cadenas de valor, entre el bosque y otros sectores, es necesario ampliar la escala, por lo menos a nivel de comarca o macizo forestal. Esta ampliación de escala lleva necesariamente a cambiar de perspectiva y a integrar objetivos de otro nivel y naturaleza que afectan también al sector forestal. Por ejemplo la producción de biomasa y las posibles sinergias con agentes económicos locales y regionales para ir estructurando el sector y hacer que sea rentable y sostenible su utilización. O, por poner otro ejemplo, pueden tratarse problemas como la atomización de la propiedad forestal, la acogida del público (por ejemplo para la recolección de setas), la conexión con las empresas turísticas y hosteleras, con la industria y las empresas forestales para favorecer el uso de la madera local y las garantías de abastecimiento…
La dificultad está en dar con la escala oportuna y en encontrar al promotor adecuado para facilitar estas sinergias. Una escala demasiado grande nos aleja de lo operativo y de las oportunidades y problemáticas específicas de un territorio. Una escala muy pequeña facilita la acción y la concreción pero pierde visión y capacidad de integrar aspectos básicos de interés social y económico.  Una escala que me parece interesante es la correspondiente a “una comarca” un concepto geográfico a la vez difuso y específico. En un mundo globalizado las interacciones económicas van mucho más allá, pero para generar sinergias y colaboraciones cercanas positivas  es un escalón muy oportuno.
El mejor ejemplo que conozco con este enfoque son las  Chartes Forestières de Territoire (CFT) (Cartas forestales de territorio), una experiencia francesa puesta en marcha desde la aparición de la ley de orientación forestal de 2001 en este país, que se ha materializado en más de un centenar de comarcas y macizos forestales.  Su objetivo es la concertación y la creación de acuerdos y sinergias para desarrollar entre todos el sector en una zona concreta. Ponen el foco incialmente en 2 ó 3 temas relevantes para el territorio (los que más interesan al conjunto), para pasar cuanto antes a la acción e ir obteniendo resultados concretos. Suelen tener un fuerte sentido económico y revalorizador, sin perder de vista los aspectos sociales ni ambientales.
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En España lo más parecido serían los Planes de Ordenación de los Recursos Forestales (PORF) recogidos en la ley forestal del estado. Se trata de un instrumento de planificación y regulación forestal a escala comarcal a la que también son invitados a participar actores clave económicos, ambientales y sociales. La principal diferencia frente al modelo francés es que finaliza en un plan con caracter regulador mientras que las Chartes Forestières du Territoire (CFT) son más bien un instrumento dinamizador y facilitador que  concluye por lo general en acuerdos y proyectos, mezclando lo estratégico con lo operativo (también pueden derivarse nuevas regulaciones, pero no es en sí un objetivo). Las CFT tienen como finalidad impulsar la economía local, fortalecer y crear nuevas cadenas de valor ligadas al bosque. Suelen estar promovidas y animadas por entidades no directamente ligadas a la gestión forestal, a menudo  por el equivalente de las agencias de desarrollo local o por mancomunidades. Por supuesto, las entidades administrativas y forestales participan en el proceso, pero no necesariamente como conductores o promotores. (aunque también hay casos en los que sí es así)
Existe un muy buen documento que resume y destaca resultados de las diferentes Chartes Forestières de Territoire llevadas a cabo  hasta 2007,  de las que extraen consejos metodológicos (link pdf). No he encontrado un documento equivalente relativo a los PORF, que si bien se han realizado unos cuantos en España no han llegado a cuajar ni a generalizarse. Cualquier testimonio directo será bienvenido.

 

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